domingo, 12 de julio de 2015

La violencia familiar y su efecto en los hijos

“El niño no es propiedad de la familia. Ésta no puede hacer con él lo que quiera. El niño es un ser humano: pertenece a la sociedad y representa su futuro”.


La violencia familiar es una forma de abuso en el que se hace uso de la violencia en forma física, psicológica o sexual en el que se busca manipular o controlar al otro (que puede ser la pareja, hijos, padres, etc.). La violencia familiar no solo implica el abuso del padre contra la madre, sino también implica el abuso por parte del padre (o madre) contra los hijos, quienes son los más perjudicados en este caso.


El problema de la violencia familiar es tal, que hasta se ha llegado a calificar como un problema de salud pública. Muestra de ello son los numerosos acuerdos, convenios o tratados internacionales que se han firmado para frenar este mal (partiendo por la Declaración de los Derechos del Niño en 1959). Inclusive, la psicóloga Carmen Rosa Patrón considera que, en vez de reducirse los índices de violencia familiar, estos han aumentado y los principales responsables “son los medios, porque lo primero que se ve son problemas de golpes, maltratos;  y, a veces, la mujer es vista como un objeto y no se le da el valor real en las familias”. Asimismo, agrega que “ahora, lo que se tiene que trabajar muchísimo son los valores. Esto es importante para poder incrementar la salud de la familia”.
En el Perú (por ejemplo), el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), el Ministerio del Interior (MININTER), el Ministerio de Salud (MINSA), las Municipalidades, Organizaciones no Gubernamentales (ONG), entre otros grupos de la sociedad civil llevan a cabo programas o actividades de sensibilización y concientización pública a fin de disminuir la ocurrencia de estos hechos.
Así, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), creó en el 2003 el Programa Nacional contra la Violencia Familiar y Sexual “con el propósito de contribuir a reducir los índices de violencia familiar y sexual mediante políticas públicas de atención, prevención, recuperación y desarrollo de capacidades de las víctimas, así como favorecer una mejora de la calidad de vida de las familias peruanas dentro de una cultura de paz, desarrollo y equidad de género”.
Dentro de todo este problema social, los más afectados son los niños, dado que a su temprana edad estos se ven fuertemente influenciados, tanto en sus acciones como en el aspecto psicológico, por todo aquello que ven o sufren (en caso de que el abuso sea directamente hacia ellos).

Consecuencias de crecer en un hogar violento

Pero, ¿cómo proteger a los hijos de la violencia doméstica? Lo primero, es sacar a la persona violenta de tu vida. Con plena seguridad, si te está lastimando a ti, lastima o está muy cerca de lastimar a tus hijos física y emocionalmente. La persona violenta muy pocas veces logra controlarse y solo recupera su conciencia cuando la tormenta ya ha pasado. A continuación, expongo para ti algunas de las consecuencias que puede tener para tus hijos vivir en un ambiente de violencia doméstica.

1. Sentimientos negativos respecto a su valor como persona
Al sentirse maltratado, el niño va a pensar que nadie le ama. Su confianza en sí mismo se verá mermada en gran medida y pensará que no merece más que malos tratos. Es decir, identificará como única opción seguir viviendo bajo el yugo de alguien violento.



2. Repetir el patrón
Si tu hijo ha crecido en un hogar donde lo único que ha visto son golpes y malos tratos, ¿adivina qué tipo de persona va a buscar como pareja? Si has pensado que buscará una que le trate de la misma manera en que te trataron a ti, estás en lo correcto. Aunque esto no es una regla general, que ocurra en todos los casos, es muy probable que así sea que un niño que vivió violencia en casa, termine de adulto de una relación mala, a otra peor. Esto se debe a que el único ejemplo de "expresión de amor" que ha tenido, es la violencia.



3. Autoengaño y manipulación
Una persona que crece entre a violencia, es más susceptible a "dejarse engañar" por demostraciones afectivas que están lejos de ser amor verdadero. Es decir, es muy probable que llegue a ser pareja de un maltratador, o incluso, buscar que le maltraten. En casos como ese, es común encontrar que cuando una de las dos personas involucradas en la relación violenta al fin quiera huir de ese "círculo vicioso", el otro tratará de manipularlo y amenazarlo con atentar contra su propia vida, para que se quede soportando el maltrato.


Cómo evitar que se repita el patrón

A. Enseña a tus hijos a no callar:

El silencio es el peor enemigo para un maltratado y el mejor amigo de una persona violenta.
B. No pelees ni discutas con tu pareja delante de tus hijos:
Es quizá lo peor que puede ocurrir, empezando porque van a querer ponerse del lado de uno de los dos padres, y eso no es correcto. Si la situación sube de temperatura, ellos también se van a ver perjudicados y lastimados en su amor por sus padres.
C. Háblales con la verdad, pero con límites:
Los niños se dan cuenta de todo, así que negarles que estás mal con tu pareja, así como hablar mal de él o ella, es algo que van a resentir. Tus problemas de pareja son tuyos, no hagas que tus hijos sean víctimas colaterales de tus problemas. Pero tampoco les mientas respecto a una posible separación, terapia de pareja o familiar. Sobre todo si tus hijos ya son adolescentes.